La lucha contra la pobreza rural y sus secuelas de migración masiva nacional e internacional, que caracteriza a los países más desfavorecidos, sólo puede superarse mediante el incremento de la productividad de la agricultura familiar y la mejora de sus condiciones de vida. Sin embargo, el futuro de las pequeñas unidades productivas del sector primario, liderado en la mayoría de los casos por mujeres, está siendo amenazado.